Un año más, un diciembre más y cientos de propagandas, tuits, escritos en el muro de facebook, protestas y pláticas en favor de la adopción de perros y gatos han vuelto a salir. ¿Cuánta gente compraría un animal de compañía para regalo? Quizás, no lo sabremos. Lo único seguro, parece ser, es que varios de los animales comprados serán abandonados con el avance del año.
Entre la mayoría de las razones que he escuchado a lo largo de tres años, es que, “mi hijo (a) quiere un perrito”, y como el papá o mamá quieren complacer a su vástago en todo, le regalarán uno en navidad o próximamente en día de reyes. Lo que el animal no humano no sabe, es que a los papás del niño (a) no le gustan los animales, les molesta que ensucien la casa, que se hagan caca y orina porque huele mal y además, esperan que cuando sea adquirido en la tienda, el perro o gato sepa que no debe entrar a la casa, no se suba a las camas, sillones, no muerda, no ladre, siempre este feliz y dispuesto a ser obediente y que si su hijo (a) le pega, éste, no le muerda, sino, será golpeado porque es un maleducado.
No falta además, el novio (a) que le quiere regalar un bonito cachorro o gatito a su pareja. ¡claro! Eso demuestra cuánto puede pagar por la persona que ama y no sólo eso, asegura, que la (le) hará feliz porque los animalitos son lindos. Y ¿cuándo la pareja se separa, a dónde va a parar el animal? Si ella o él, quienes recibieron el regalo viven con los papás, ¿a ellos les gustan los animales? En fin, sé que cada historia es diferente y no todas las personas ven a los animales como objetos o regalos.
El problema radica para mi gusto, en algunas preguntas que me surgen de los ejemplos puestos: ¿dónde queda la otra parte? ¿dónde quedan los animales, lo que sienten, lo que quieren, lo que necesitan? ¿su bienestar? ¿su cuidado? El ser humano piensa en lo que necesita o lo que “los demás necesitan”. De hecho, el pensar en los animales resulta complicado, ya que, en muchos casos nuestros padres, la sociedad, la mercadotécnica, la cultura nos enseña que los animales son para: alimentarnos, investigar, divertinos, usarlos, entre otros.
No nos enseñan a ver la otredad, ¿qué sentiríamos en el lugar del que le decimos “¡hey gordo! ¿estás muy anchito, no?”, o que pasaría si fuésemos un perro que cuando es cachorro es muy lindo y querido, pero, cuando crece es olvidado, es un estorbo y por lo tanto es echado a la azotea o tirado en la calle. No es fácil pensarlo y menos sentirlo. Es complicado ponerse en el lugar de los otros y aún más cuando se trata de otras especies, pero, debemos hacerlo. Debemos decir: no al especismo.